Durante todo este tiempo, no he hecho más que atesorar cuanto nos legó a los que le queríamos, que aunque éramos muchos, nos sentíamos parte de un pequeño club selecto y secreto. No se me ocurre mayor virtud intelectual que esta. Si hubiera más como él en el mundo... esto me hace recordar lo que dijo el sultán Malek al Kamil a San Francisco de Asís cuando fue enviado como embajador de los cruzados: "Si todos los cristianos fueran como tú, entonces valdría la pena ser cristiano". Este hombre fue capaz de ver y entender el corazón del que tenía enfrente, cosa que normalmente se te niega por sistema, porque si no piensas como alguien, eso te convierte en malo. Nadie ve que se podría decir lo mismo de ellos. Tampoco que cuando algo es verdad, lo es, aunque lo diga tu "enemigo". (No quiero citar aquí a Platón y Agamenón por las connotaciones políticas que en estos días llevaría).
Juan Antonio hablaba de cualquiera sin prejuicios, y supo hacer que yo me sintiera Galileo, Sócrates, Leónidas, e incluso un psicokiller.
Me queda de Cebrián un tesoro tan inmenso que no se agotaría en 100 años que viviera. Gracias queridísimo amigo y compañero, Tutmosis IV... (los rosaventeros lo entenderán) Fuerza y Honor.

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